Durante
el embarazo se producen aumentos moderados de colesterol total, triglicéridos
y lipoproteínas asociadas a colesterol bueno y malo (LDL y HDL).
Estas alteraciones se deben principalmente al aumento de estrógenos
que se producen en la gestación y se normalizan en el postparto.
Sin embargo, las pacientes que tienen hipercolesterolemia ( niveles de
colesterol aumentados en sangre) previa al embarazo pueden sufrir una
exacerbación de la misma durante el proceso de gestación.
Se ha asociado,
en recientes estudios, una mayor asociación entre niveles altos
de colesterol e hipertensión arterial en mujeres embarazadas,
por lo que estas mujeres tienen mayor riesgo de desarrollar preeclampsia
durante su embarazo, al depositarse el colesterol en los vasos sanguíneos.
De igual manera, otra serie de estudios relacionan la hipercolesterolemia
durante el embarazo con cambios en los vasos sanguineos del feto, que
determinan una mayor susceptibilidad a presentar lesiones de arterioesclerosis
en el niño.
El tratamiento
con fármacos debe retrasarse en las mujeres jóvenes que
planean un embarazo y no debe usarse durante el embarazo y la lactancia,
por ello en estas circunstancias hay que insistir doblemente en el tratamiento
a base de una dieta mediterránea , complementada con ejercicio
adecuado a las nuevas circunstancias del embarazo.
Colesterol
materno bajo, más riesgo de prematuro.
Una cifra
muy baja de colesterol es tan perjudicial durante el embarazo como una
demasiada elevada, según un estudio que se publica en Pediatrics
y que relaciona la hipolipemia de la gestante con prematuridad.
Las embarazadas
que tienen cifras de colesterol muy bajas pueden tener más riesgo
de parto prematuro, comparadas con las gestantes cuyos niveles de lípidos
son moderados.
Así
lo indica un trabajo en el que también se confirma que la hipercolesterolemia
incide en este riesgo de prematuridad, algo que ya se sabía por
otras investigaciones.
Una alimentación
inadecuada y el perfil genético materno, se encuentran dentro
de los factores que pueden explicar el perjuicio asociado al colesterol
bajo.
El estudio,
coordinado por Max Muenke, del Instituto Nacional de Investigación
Genómica Humana, dentro de los Institutos Nacionales de Salud,
se publica en Pediatrics.
Basándonos
en nuestros hallazgos iniciales, parece que una cifra escasa de colesterol
durante el embarazo es tan malo como tener demasiado, pero aún
es pronto para extrapolar estos resultados a la población general.
De hecho,
necesitamos investigar más en otros grupos poblacionales,
apunta Muenke.
De
momento, el mejor consejo que podemos dar a las embarazadas es que sigan
las recomenaciones de sus médicos sobre dieta y ejercicio.
En el trabajo
se analizaron datos de 1.058 mujeres y sus neonatos de Carolina del
Sur; el 5 por ciento de las gestantes con niveles de colesterol total
moderados (en el intervalo de 159-261 mg/ dl) tuvieron partos prematuros;
en cambio, las mujeres de raza blanca que presentaban niveles más
bajos de colesterol (menores de 159 mg/dl) tuvieron una incidencia de
parto prematuro del 21 por ciento.
Al igual
que se había observado en otros trabajos, las mujeres con niveles
de colesterol muy altos (más de 261 mg/dl) tenían más
riesgo de parto prematuro; en este estudio, un 12 por ciento de las
gestantes de raza negra con estas cifras dieron a luz antes de cumplir
las 37 semanas de gestación.
Destaca
el hecho de que no se halló un aumento de los partos prematuros
en las mujeres afroamericanas que tenían niveles de colesterol
bajos; sin embargo, los niños nacidos a término, tanto
de gestantes blancas como las negras con colesterol bajo pesaban unos
140 gramos menos de media que los recién nacidos a término
de las mujeres con colesterol moderado.
La
cantidad idónea de colesterol es fundamental para una buena salud
del neonato. Durante el embarazo, el colesterol es una sustancia clave
en el desarrollo de la placenta y del feto, incluido su cerebro.