Diagnosticada
la enfermedad, el médico será quien recomiende el mejor
tratamiento, que puede ser con fármacos o sin fármacos.
En el primer
caso, el paciente deberá poner en marcha una dieta baja en colesterol
y realizar ejercicio físico continuo. "La dieta más
adecuada para las personas con hipercolesterolemia sería aquella
en la que se lograse reducir la ingesta total de grasa, limitando los
ácidos grasos saturados y aumentando los monoinsaturados",
describe Cuadrado.
"También
es conveniente reducir la ingesta de alimentos ricos en colesterol dietético,
como yema de huevo o embutidos, adecuar la ingesta energética
para evitar el sobrepeso, la obesidad y otros factores de riesgo cardiovascular,
aportar fibra en la dieta y alimentos ricos en hidratos de carbono complejos,
como leguminosas, pan, patatas, pasta o arroz, y aumentar el consumo
de verduras y frutas por su contenido en antioxidantes y ácido
fólico, además de fibra", añade.
Con todo,
los especialistas apuestan por la dieta mediterránea como la
más beneficiosa para conseguir los mejores resultados, con un
aporte de grasas inferior al 35%, y revelan la importancia de distinguir
entre:
Prevención
Debido a que el colesterol alto no produce síntomas físicos
hasta que aparecen las primeras complicaciones, su acción es
lenta y silenciosa. La FEC aconseja, por ello, realizar un análisis
de sangre a los enfermos (y sus familiares de primer grado) que padezcan
cardiopatía isquémica y otras enfermedades cardiovasculares
a edades tempranas.
Y es que
existen determinados factores que no son modificables -tales como la
edad, el sexo o los antecedentes familiares- y otros sobre los que se
puede actuar para prevenir las enfermedades cardiovasculares.
Así,
es importante ser consciente del daño que producen en el organismo
el tabaco o el alcohol, una dieta con abundancia de grasas o el sedentarismo.
La sustitución de estos factores por otros más saludables
contribuye a mejorar la calidad de vida y, en consecuencia, de la salud.
Edad.
Lo habitual es que la colesterolemia se manifieste a partir de los 25
ó 30 años, si bien cada día son más frecuentes
los casos de niños y jóvenes, cuyos niveles deben estar
por debajo de 170 mg/dl.
Sexo.
Las mujeres deben controlar los niveles de colesterol muy especialmente
durante el embarazo y la menopausia, ya que en estas etapas se producen
alteraciones en los niveles de lípidos y lipoproteínas,
respectivamente.
Embarazo.
Son necesarios los controles de las cifras, sobre todo, en aquellas
pacientes con niveles altos de lípidos.
Menopausia.
Resulta habitual la subida del colesterol total y LDL frente a la disminución
del HDL. Antes de la menopausia, las mujeres presentan niveles menores
que los hombres. Sin embargo, a partir de ésta, las cifras son
más elevadas que las masculinas.
Genética.
La presencia de colesterol bueno en el organismo viene determinada genéticamente.
Se trata de una predisposición heredada que, no obstante, puede
ser modificada. Las concentraciones de colesterol están determinadas
por la cantidad que produce el propio organismo y debe tenerse en cuenta
tanto la historia familiar de altos niveles de colesterol sanguíneo,
como de enfermedades coronarias.
Peso.
El exceso de peso suele ir asociado con un elevado nivel de colesterol
total, al igual que la distribución de la grasa. Un aumento de
la grasa en el tronco y en la mitad superior del cuerpo implica un mayor
riesgo de infarto.
Ejercicio
físico. Para conseguir unos resultados más beneficiosos,
éste debe ser regular de tipo aeróbico, como dar un paseo
o una carrera suave, priorizando la duración en lugar de la intensidad
y bajo prescripción médica. Permite el control del peso
y reduce la presión arterial.
Grasas.
Su consumo favorece los casos de obesidad, el aumento de los triglicéridos
y de la tensión arterial. Además, reduce la capacidad
del organismo para eliminar el colesterol.
Alcohol.
Pese a que el consumo moderado (unos 30 gramos al día, poco menos
de dos copas) aumenta el colesterol "bueno" y protege al "malo"
de su oxidación, especialmente cuando se trata de vino tinto,
una ingesta excesiva resulta muy perjudicial para el organismo y aumenta
el colesterol LDL.
Acido
Oleico. Presente, sobre todo, en el aceite de oliva (70%), el ácido
oleico eleva la fracción de colesterol "bueno" y disminuye
la del "malo", por lo que su consumo es muy recomendable.
También se encuentra en aceitunas, frutos secos, grasa y carne
de cerdo.
Dieta.
Debe conseguir que prevalezcan las carnes magras, el pollo, el pavo
o el conejo, además de las legumbres, las frutas, las hortalizas
y el salvado de avena. También son importantes los productos
lácteos descremados y consumir un máximo de tres huevos
a la semana.
Preparación
de alimentos. En cuanto a la forma de preparación de los
alimentos, las técnicas de la cocción, vapor, parrilla
o plancha resultan más sanas, aunque, según recuerda Cuadrado,
"la técnica de fritura no es tan agresiva como se piensa".